Feminismo, política de identidad y fascismo: aportes a la reflexión desde la política de las mujeres

Hubo un llamado a la unidad del feminismo para hacer frente a la “cruzada fascista” que desde hace un tiempo están emprendiendo los sectores más conservadores, no solo de Chile sino a nivel mundial, que acusan a la “ideología de género” de ser el motor de lo que identifican como retrocesos del orden valórico. En octubre de este año, Judith Butler instó aparentemente a todas las feministas a hacer causa común con la arremetida de la derecha y el fascismo[1], interpelando a quienes consideramos la categoría de género, tal como ha sido utilizada por la academia y el feminismo de estado, una “herramienta del amo”[2].

En Chile, unos días después del artículo antes mencionado, se generó una reacción entre las feministas de la academia ‒frente a la solicitud de información a través de la ley de transparencia de las asignaturas que abordan género, feminismo, personas LGBTQI, y datos de quienes las imparten‒ a través de declaraciones públicas, campañas en redes sociales y artículos de opinión, alertando sobre estas medidas de amedrentamiento que provienen de la derecha, y llamando a la unión dentro del feminismo[3].

Este llamado a la unión se parece más a “estás conmigo o estás en mi contra”. Se suprime la diferencia política, lanzando una sanción moral que bloquea toda posibilidad de escucha e intercambio. Se llama a incluir en el feminismo a todo sujeto oprimido, en especial a las personas trans, una inclusión porque sí, sin fundamento, basada en la tradición asistencialista de incluir en un sistema ya dado, sin tomar conciencia de que, con ese acto, las invalidan como un sujeto político que es capaz de salirse de la victimización a partir de su propia experiencia y palabra. 

La diversidad y la inclusión son dos conceptos centrales en el discurso neoliberal y colonial. Un neoliberalismo que se apropió de la propuesta radical de lo “personal es político”, convirtiéndola en consigna vacía y vendible, donde todo vale con tal de satisfacer el deseo individual, al servicio de lo cual está el mercado, el estado, la biomedicina, la industria farmacéutica, la industria sexual, la tecnología. Atrás quedó la reflexión profunda sobre el género como cárcel de las mujeres y hoy se reivindica como identidad.

Es el discurso que hace suyo el dictado del mercado, de la moda, del discurso hegemónico, ahora vestido de igualdad, inclusión y derechos humanos. Un discurso que pretende anular el pensamiento libre de patriarcado como política de las mujeres y adopta la censura masculina en su interior. El transgenerismo está siendo impuesto en todos los niveles con el decidido apoyo de las instituciones y un fuerte aporte financiero internacional (ONU, agencias de cooperación), convirtiéndose en el discurso oficial en las escuelas, universidades, centros de salud, medios de comunicación, industria cultural, política pública, etc.

Las niñas y los niños que muestran incomodidad con el GÉNERO asignado, reciben “orientación” psicológica, psiquiátrica, médica o social que las/os empuja a renegar de sus cuerpos sexuados, de su diferencia sexual y del origen materno de la vida y de la palabra; esta situación afecta especialmente a las/os más precarizadas/os, a las niñas, niños y jóvenes “institucionalizados/as”, quienes son sometidas/os ‒ellas/os y sus madres‒ a la validación estatal para acceder a “beneficios”. Vemos cómo los profesionales y funcionarios presentan solo una lectura y a la transgeneridad como la única alternativa ante esta incomodidad, empujando a las niñas a rechazar sus cuerpos y anulando con ello todo cuestionamiento a las construcciones de género opresivas y a la institución de la heterosexualidad obligatoria.

Se nos insulta directamente a las feministas que no creemos en la política de la identidad, comparándonos con las provida o la derecha. El feminismo no puede ser fascista y, por lo tanto, no validamos complicidades, ni siquiera estratégicas o coyunturales, con quienes históricamente abogan por un sistema social que se sustenta en la misoginia ‒la derecha‒, distinción política que carece cada vez más de sentido en un contexto en el que el neoliberalismo es el proyecto de todas las fuerzas políticas institucionalizadas. En esto no puede haber confusión. Sin embargo, ello no implica ignorar nuestras diferencias políticas, y menos descalificarlas a priori, arrimándose al andamiaje simbólico masculino.

Para nosotras, lo que está acá en juego no es un conflicto ideológico, sino algo vital para nuestra existencia. Se trata de recuperar el valor del sentido libre de ser mujeres y mujeres lesbianas, plasmarlo en la lengua materna[4] y en la cultura, porque es un camino que consideramos necesario para que la violencia de tantos hombres contra las mujeres llegue a ser impensable[5].

 

Valparaíso y Santiago, diciembre, 2021

 

Paula Santana Nazarit y Andrea Franulic Depix

 

Apoyan:

Sandra Lidid Céspedes (Autonomía Feminista, Cajón del Maipo, Chile)

Doménica Alejandra Francke-Arjel (Feminista Radical de la Diferencia, Chillán, Chile)

Diana González Alzate (Bogotá, Colombia)

Monserrat Maricruz Ruiz Herrera (Feminista Radical de la Diferencia, Tijuana, México)

Jessica Gamboa Valdés (Feministas Lúcidas, Santiago, Chile)

Carmen Martín Rojas (Feministas Lúcidas, Santiago, Chile)

Ana Mañeru Méndez (Madrid, España)

Kira Maldonado (Autonomía Feminista, Santiago, Chile)

Vania Villalón Zamora (RadicalAs, Valparaíso)

Natalia Riffo Quintana (RadicalAs, Valparaíso)

Valentina Alejandra González Fredes (RadicalAs, Valparaíso)

Adriana Alonso Sámano (Ciudad de México, México)

Maite Figueroa Aracena (Concepción, Chile)

María José Binetti (Women’s Human Right Campaign – Argentina)

Carmen Capdevila (Neuquén, Argentina)

Sandra Parra Valenzuela (Educadora popular, Valparaíso, Chile)

Tamy Imai Cenamo (Historiadora, Brasil/México)

Paula Quintana Meléndez (Valparaíso, Chile)

Natalia Ramírez Maldonado (Augere, Iquique, Chile)

Antonella Vaccaro (Valparaíso, Chile)

Norma Mogrovejo (UACM, México)

Jennifer Villarroel Nenen (Concepción, Chile)

Fabiola Milán López (Hija y Madre, Santiago, Chile)

Estefany Tisi González (M.A.L.A, Los Angeles, Chile)

Laura Chamorro Vasquez (M.A.L.A, Los Angeles, Chile)

Katia Yáñez Urrutia (M.A.L.A, Los Angeles, Chile)

Tatiana Gavilán Pérez (M.A.L.A, Los Angeles, Chile)

Tania Yáñez Urrutia (M.A.L.A, Los Angeles, Chile)

Denisse Azúa Henríquez (M.A.L.A, Los Angeles, Chile)

Paz Campos Campos (M.A.L.A, Los Angeles, Chile)

Odette Nuñez Leal (M.A.L.A, Los Angeles, Chile)

Macarena Díaz Vidal (M.A.L.A, Los Angeles, Chile)

Anhays Castro Villagrán (Caufem, Concepción, Chile)

Giuliana Jaramillo Astete (Caufem, Concepción, Chile)

Alexandra Rousseau Rioseco (Caufem, Concepción, Chile)

Lilian Balderas-García (Comunicóloga, Feminista Lesbiana Radical Elemental, CDMX, México)

Maite Gaínza (Valdivia, Chile)

Mariana Pérez Ocaña (LeSVOZ AC, CDMX, México)

Nadia Poblete (Maipú-Santiago, Chile)

Yan María Yaoyólotl (México)

María del Rocío Fernández Suárez (México)

Janaína Marina Rossi (Coletiva Memória Lésbica, Brasil)

Monalisa Almeida Cesetti Gomyde (Coletiva Memória Lésbica, Brasil)

Ruana Piber da Rosa (Coletiva Memória Lésbica, Brasil)

Laira Rocha Tenca (Coletiva Memória Lésbica, Brasil)

Laila Maria de Paula (Coletiva Memória Lésbica, Brasil)

Elis Oliveira (Coletiva Memória Lésbica, Brasil)

Feminarias (Chile)

Nudos Feministas (Chile)

Las Ceramistas (Chile)

Miriam Ruiz Hernández (Bióloga, LenXolas, Ciudad de México, México)

María Guadalupe Queijeiro de la Fuente (Maestra, Ciudad de México, México)

Mara Jones (Tijuana, México)

Gabriela Chávez (Psicóloga, Lesbofeminista, Ciudad de México, México)

Feministas Tejiendo Raíces (México)

[1] https://www.revistaposiciones.cl/2021/10/24/por-que-el-genero-provoca-tantas-reacciones-en-todo-el-mundo/?fbclid=IwAR2V-S7VcJPdmFM1PnwvtUNGjoitMx28sGFmpOfDKMpkea2S1Q2_BaABvLM

[2] Principalmente, las feministas radicales, las feministas radicales de la diferencia y las feministas autónomas.

[3] https://www.elmostrador.cl/braga/2021/11/08/nolite-te-bastardes-carborundorum-es-tiempo-de-solidaridad-y-articulacion-de-resistencias-feministas-antifascistas/?fbclid=IwAR2kxtM_o_jp7soL-LuQEgj_J_g4QydLBexgOrl1BYgjwwyQDdu1Z1HNwyY

[4] La lengua que aprendemos de la madre, o de quien ocupe su lugar, en nuestra primerísima infancia y que nos acompaña toda la vida (Luisa Muraro).

[5] María-Milagros Rivera Garretas, 2019,  http://www.ub.edu/duoda/web/es/textos/10/222/

2 comentarios

  1. Julia Pérez cervera

    Desde el inicio el feminismo ha defendido el derecho a nuestro cuerpo libre porque solo en el se puede vivir libremente. Las teorías de inclusión, tolerancia, identidad genérica y tantas otras propuestas de este siglo son solo un intento, como siempre, del sistema contra nuestra vida en LIBERTAD. Ese es su mayor temor. Felicidades por el artículo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *