Todo Nuevo

Sandra Lidid

Octubre 2020

 

Hace algunos años, bastantes, fui invitada a Radio Tierra para conversar sobre la participación en las elecciones que se nos venían, no me acuerdo de cuáles se trataba, pero sí sobre mi participación o no como feminista autónoma. Era una entrevista en la que también participaba Mauricio Redolés, creo que nos entrevistaba Vicky Quevedo. Recuerdo haber manifestado mi disconformidad con el proceso electoral en relación a la disyuntiva que nos imponía: “o la derecha pinochetista o nosotros”, aunque tenga gusto a poco. Con el tiempo descubriríamos que era gusto a nada o más de lo mismo, pero con piensa positivo todo se traga.

La entrevista se transcurría normalmente, hasta que un balde de agua fría cayó en el estudio cuando Mauricio Redolés dijo que él no tenía derecho a voto, que por razones políticas le habían quitado todos sus derechos ciudadanos y que hasta ese día no los había recuperado y que no era el único, que había muchas personas que estaban en su misma situación. El resto de la entrevista fue bla bla bla.

Recuerdo haber salido de allí con la sensación demoledora de estar perdida en el espacio.

Hoy me siento de la misma manera.

¿Cómo participar en un simulacro de democracia?

¿Cuántas mujeres y hombres han sido asesinadas por criminales que tienen “democráticamente” el legítimo uso de la fuerza y de las armas?

¿Cuántas mujeres y hombres no podrán participar porque están desde hace un año encarceladas por ejercer el derecho inalienable a manifestar su inconformidad con un régimen político que los trata como basura?

¿Cuántas mujeres y hombres estamos siendo bombardeadas por la publicidad fascistoide que nos invita/obliga a participar en una quimera que no tiene objetivos claros ni senderos por donde podamos caminar?

¿Vomitaré sobre el voto cuando me vengan a la mente las asesinadas y asesinados, mutiladas y mutilados, torturadas y torturados de este año?

El resto no lo digo porque no cabría en el papel.

 

No hay buenos vientos para quien no sabe dónde va. Séneca

¡Y si después de tantas palabras, no sobrevive la palabra! ¡Si después de las alas de los pájaros, no sobrevive el pájaro parado! ¡Más valdría, en verdad, que se lo coman todo y acabemos!

¡Haber nacido para vivir de nuestra muerte! ¡Levantarse del cielo hacia la tierra por sus propios desastres y espiar el momento de apagar con su sombra su tiniebla! ¡Más valdría, francamente, que se lo coman todo y qué más da…!

¡Y si después de tanta historia, sucumbimos, no ya de eternidad, sino de esas cosas sencillas, como estar en la casa o ponerse a cavilar! ¡Y si luego encontramos, de buenas a primeras, que vivimos, a juzgar por la altura de los astros, por el peine y las manchas del pañuelo! ¡Más valdría, en verdad, que se lo coman todo, desde luego!

Se dirá que tenemos en uno de los ojos mucha pena y también en el otro, mucha pena y en los dos, cuando miran, mucha pena… Entonces… ¡Claro!… Entonces… ¡ni palabra!

César Vallejo. Del libro Poemas humanos (1939)

 

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