La heterosexualidad obligatoria como régimen político-sexual de las mujeres y el silenciamiento de la existencia lesbiana

 

Es fundamental para nosotras las mujeres, comprender a la Heterosexualidad (1), como bien lo explica Rich, como una institución del patriarcado que, sustentada en el Contrato Sexual (2), pacto NO PACÍFICO entre hombres que garantiza el acceso ilimitado al cuerpo de las mujeres y sus frutos. Es precisamente a través de la institución de la heterosexualidad y del contrato sexual, supuestamente voluntario y consensuado entre hombres y mujeres, que los hombres han capitalizado una serie de recursos sobre la base de nuestras energías físicas, emocionales, sexuales y reproductivas para su propio beneficio. En consecuencia la heterosexualidad como modo de vida y sexualidad, es OBLIGATORIA, justamente, porque se impone como un régimen político-sexual  a todas las mujeres de forma transversal a las clases sociales, las culturas y etnias, razas, edades y épocas. 

Estos análisis desarrollados por Adrienne Rich (1980) y Carole Pateman (1988) son muy importantes para comprender cómo los hombres se han apropiado de las riquezas innatas de las mujeres, y que -el coito/reproductivista- a través de la imposición del régimen heterosexual resulta ser, por excelencia, considerada la práctica sexual legítima por todas las instituciones que componen las sociedades patriarcales. En tanto, la existencia lesbiana es insoportable para llevar a cabo esta política-sexual, por ello, se persigue, castiga y silencia.

Sin embargo, sé que para muchas mujeres que, aparentemente, viven con naturalidad una relación heterosexual, aun así, no encuentran en esas relaciones con los hombres y su sexualidad penetrativa un auténtico placer y un sentido libre de ser mujeres, no obstante, perduran en ella, al no encontrarse a ellas mismas por fuera de esta relación complementaria que, Carla Lonzi, llama la vaginalidad, es decir, la experiencia de colonización psíquica y física que representa la figura de la Mujer Vaginal.  Mujer que refleja un estado de alienación permanente por vivir atrapada en la cultura dominada por los hombres.

¿Cuántas de nosotras nos preguntábamos de dónde provenía este malestar o, cuántas, desde niñas, tuvimos que aceptar la heterosexualidad?

Considero necesario hablar “entre mujeres” sobre la imposición de la heterosexualidad como “deseo natural hacia los hombres y su falo”, no solo para tener “conciencia feminista” y seguir viendo “la paja en el ojo ajeno”, es decir, cómo a las otras “las alienadas, las afecta el patriarcado, o cómo las otras “las que no saben poner límites al machismo”. Hablar de heterosexualidad obligatoria es ponernos a nosotras mismas en diálogo, con todas las contradicciones y miedos que subyacen para saber qué se desea y qué queremos para nuestras vidas. Como punto de partida, creo, no pasa solamente por ver lo violento que pueden llegar a ser los hombres con otras mujeres, basta solo vernos a nosotras mismas y lo que ha significado la convivencia y permanencia a su lado (padres, hermanos, amigos, parejas, compañeros políticos, etc.).

Si pensamos en las instituciones que sostienen la civilización patriarcal -familia, escuela, religiones, entre muchas y todas, en su conjunto, han moldeado la sexualidad femenina en relación al placer masculino, y de una u otra forma, cada una tempranamente aprende a auto-reprimirse, principalmente, en los comportamientos y actitudes para ser “mujeres”, para mí era una forma de adecuación muy consciente, me pasó mucho en la escuela o con los amigos del barrio, recuerdo situaciones en que tenía que “actuar” para no ser agredida o molestada. Todas hemos debido pasar por esta vigilancia en la formación de la heterosexualidad, adoctrinamiento necesario para hacer que una mujer llegue finalmente a consentir -y desear- la relación sexual con los hombres. Al mismo tiempo, nos entregan mensajes horribles. Por la televisión anuncian: violaciones, feminicidios, descuartizamientos de mujeres y niñas, son mensajes que nos perturban, porque nos dicen que amemos a los hombres, pero a la vez, hay que cuidarse de ellos porque matan y violan; y luego otra vez, los hombres son el destino de amor para toda mujer.

¡Ah! – atención: algo que nunca debemos olvidar: hacernos respetar y proteger nuestro cuerpo -¿De quién, Por qué?- preguntaba sin respuesta. ¿Por qué el esposo de mi tía? – ¿Por qué el vecino? – ¿Por qué los hombres?- ¡dime, mamá!- 

¡Qué paradoja!- aun así- toda la sociedad nos enseña a prepararnos para el momento  más feliz de nuestra vida: un hombre te deseará y te poseerá, ojalá con amor -dicen las madres, las abuelas- asumiendo esta relación entre los sexos como insustituible e indispensable para nuestra vida.

Este adiestramiento que recibimos, desde la inocente niñez, cala profundamente en nuestra vida de jóvenes y adultas, pues, una vez colonizadas psíquicamente para aceptar esta política sexual, como algo “normal o natural”, se produce otra operación simultánea: el silenciamiento del placer femenino que es el placer clitórico- ¿me pregunto si cada una de nosotras reconocemos en el clítoris la fuente original de nuestro placer?

Cancelar el PLACER CLITÓRICO (Lonzi, Rivera)  ha sido la clave para sostener vigente la heterosexualidad, siempre obligatoria, como único modo de relación sexual-social.

 La existencia lesbiana

La heterosexualidad obligatoria sabemos que interviene los lazos y relaciones entre las mujeres, aunque, lo dice muy bien Rich, la existencia lesbiana, experiencia sexual y amorosa entre mujeres, ha sido la más castigada y silenciada. Acallada con el contrato matrimonial (contrato sexual) y prácticas sistemáticas de violencia: violación correctiva, golpizas, encarcelamientos, tratamientos médicos, psicológicos o psiquiátricos, entre otros. También el silenciamiento del amor lesbiano y de mujeres lesbianas en la escritura y textos feministas.

El gran aporte de Adrienne Rich es, justamente, sacar a la luz con su escritura la existencia y el continuum lesbiano, es decir, las relaciones de amor y amistad que se han dado a lo largo de la historia entre las mujeres, relaciones milenarias que han sido negadas, borradas y tergiversadas. Una historia de resistencia al régimen heterosexual que la han querido encasillar y despolitizar al llamarla “preferencia sexual” o un “estilo de vida”. La existencia lesbiana o mujeres que aman a otras mujeres, somos mujeres que nos negamos a vivir bajo el alero del sistema de supremacía masculina y su contrato sexual, porque no nos vemos reflejadas en sus instituciones y relaciones instrumentales, por tanto, no aceptamos la imposición de la heterosexualidad.

La tergiversación de la existencia lesbiana, a mi modo de ver, necesita ser analizada por un elemento clave: la Misoginia, sentimiento de odio hacia las mujeres. Y las lesbianas somos mujeres, pero además nos odian por no vivir dentro de los límites del contrato sexual, porque no aceptamos la heterosexualidad obligatoria, condición “sine qua non” para mantenernos fieles y condescendientes al placer sexual masculino.

La mujer lesbiana despierta un especial tipo odio que se nutre del peligro que significa para el régimen heterosexual no tener dominio  sobre esa mujer y su cuerpo. También quiero ser muy honesta al decir que muchas mujeres heterosexuales han contribuido, en complicidad con los hombres, a este odio hacia las mujeres lesbianas toda vez que, una mujer lesbiana, es comparada con un hombre por actitudes o comportamientos fuera de las codificaciones de la feminidad patriarcal, o bien, al adjudicarle rótulos y epítetos para humillarla o descalificarla. De la misma forma, está presente una latente desconfianza -implícita- hacia la mujer lesbiana, al concebirla como una depredadora sexual (al homologarla al hombre), por tanto, se desplaza esta idea de peligro que representan los hombres para las mujeres en contra de la mujer lesbiana.

Todos estos prejuicios que profundizan la misoginia entre mujeres se debe, principalmente, a que nuestras relaciones cotidianas están mediadas por los hombres, su lenguaje y sus tradiciones. En consecuencia, el origen de nuestros conflictos refleja la ausencia del orden simbólico de la madre, pues, evidente es la presencia del desorden social patriarcal en las palabras que usamos para expresarnos e interpretar las relaciones entre mujeres. Por consiguiente, amar a  las mujeres no tiene cabida en la cultura masculina. Se niega y prohíbe.  (3)

¿Te gustan o atraen las mujeres? no, jamás. Las amigas nos están permitidas, aunque, al llegar la adolescencia se espera que tus relaciones se vayan ampliando y sean los hombres quienes ocupen ese espacio privilegiado en tu vida. Las amigas son desplazadas al lugar de espectadora de las relaciones con los hombres. Ellas podrán ser confidentes o cómplices, incluso enemigas, siempre en función de la relación heterosexual. No es fácil para una mujer abandonar ese interés “natural” hacia los hombres o negarse a tener relaciones afectivas o sexuales con ellos te vuelve rápidamente una No mujer.

¿Por qué las relaciones eróticas entre mujeres son inconcebibles para otras mujeres? Para explicar el rechazo de las mujeres hacia la sexualidad penetrativa o heterosexualidad obligatoria, los hombres y sus teorías han dicho que tenemos traumas, somos inmaduras, frígidas o desviadas sexuales -asimilable a “lesbiana”- odia hombres o misandria. Sin embargo, una mujer que reconoce en sí misma la fuente de placer – Mujer clitórica– sabe que ahí está la libertad, lesbiana o no, dirá Carla Lonzi. El placer clitórico le pertenece a toda mujer. Aunque, sin duda, la mujer lesbiana rompe radicalmente con el esquema o estructura básica de la heterosexualidad obligatoria y el contrato sexual, no obstante, para llevar a cabo una sexualidad femenina libre, dice Andrea Franulic, la mujer lesbiana debe tener consciencia de la diferencia sexual, de no así, puede dejarse sucumbir por el desorden patriarcal, parafraseando a Andrea, traer o dejar entrar “la presencia fantasmagórica del falo a las relaciones de amor entre mujeres” (3).

En espacios de mujeres feministas puedo darme cuenta que, si bien la crítica a la cultura patriarcal y violencias masculinas está presente, sin embargo, no se aborda desde la heterosexualidad obligatoria, incluso, algunas mujeres rápidamente afirman: “No soy lesbiana, soy hetero, y no puedo negar que me gustan los hombres, pero soy sorora con las lesbianas”. Estas frases me han hecho comprender cómo se establece  una barrera invisible para el diálogo y la apertura a la existencia lesbiana entre mujeres, inhibiendo poner en discusión los temas fundamentales para la reflexión, y las mujeres tenemos que generar estas conversaciones sobre cómo nos hemos visto afectadas por el régimen heterosexual, sin recelos o precauciones, para abrir el diálogo honestamente y en primera persona.

La mitad de mi vida traté de ser y vivir en la heterosexualidad, reprimiendo el vital impulso de mi niña clitórica. Apenas hoy, a mis 40 años, puedo hablar con mayor conciencia y sin miedo de mi existencia lesbiana, sin ismos e identidades. Me reflejo en lo que soy: cuerpo y palabra, de origen femenino.  

Quisiera que la existencia lesbiana fuera parte de nuestras conversaciones, sobre todo entre mujeres lesbianas, para ir sacando afuera lo dulce y amargo. Hablar las unas con otras, sin miedo y sesgos ideológicos, pues sabemos que desde la ideología(4), difícilmente, podremos llegar a las profundidades que necesitamos para transformarnos y amarnos.

 

*Texto leído para el conversatorio intergeneracional organizado por la colectiva “La Huacha Feminista”. Valparaíso, 2018.

**Actualizado, mayo 2020. El pensar va de la mano del sentir, y han sido semanas de mucho sentir, leer y pensar.

  1. Inspirada en el texto de Adrienne Rich “La heterosexualidad obligatoria y existencia Lesbiana”. En Sangre, Pan y poesía. Prosa escogida 1979-1985.

2. Carole Pateman. El Contrato Sexual, 1988.

3. Textos aclaratorios: https://andreafranulic.cl/diferencia-sexual/la-relacion-madre-e-hija-y-la-existencia-lesbiana/

https://andreafranulic.cl/diferencia-sexual/lesbianismo-y-diferencia-sexual-1/

*Recomiendo ver los comentarios de Andrea Franulic y Anita Quintana al texto: Lonzi y otras. Manifiestos de Rivolta Feminnile. La Revolución clitórica; de María-Milagros Rivera Garretas. https://www.youtube.com/watch?v=LJQHYMULAlk

4. Refiere a la política con poder que se basa en los referentes masculinos.

 

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