La heterosexualidad obligatoria como régimen político-sexual de las mujeres y el silenciamiento de la existencia lesbiana[1]

Conversatorio intergeneracional.

La huacha feminista

Valparaíso, 2018.

 

La heterosexualidad obligatoria, al ser una institución del sistema de supremacía masculina, garantiza al colectivo de varones el acceso ilimitado al cuerpo de las mujeres, de esta forma, permite capitalizar a los hombres una serie de recursos sobre la base de nuestras energías físicas, emocionales y reproductivas para su propio beneficio. La heterosexualidad se impone en nuestra vida como un régimen político, basado en el modelo sexual masculino -el coito-, práctica sexual de índole exclusivamente penetrativa.

La heterosexualidad obligatoria es un régimen que opera de forma transversal a las clases, las razas, las culturas y épocas, y ha significado para nuestras vidas de mujeres un silenciamiento tan profundo, que llegamos incluso a no vernos a nosotras mismas, teniendo una vida a veces insoportable y sin sentido. Nos preguntamos y buscamos respuestas ignorando por completo desde dónde proviene este malestar. Por ello, la necesidad de hablar sobre la obligatoriedad de la heterosexualidad, para despertar las conciencias de las mujeres y saber qué se desea y qué queremos para nuestras vidas de mujeres, es para comprender, desde nuestro interior, que no hay nada de innato en nosotras que nos conduzca necesariamente al deseo por los hombres o a querer esa convivencia forzada y permanente a su lado.

Si pensamos en las instituciones que sostienen la civilización patriarcal (familia, escuela, religiones, Estado, etc.), todas ellas, en su conjunto, se refieren a la sexualidad y al placer desde un cuerpo masculino, y tempranamente aprendemos, de una u otra forma, a diferenciar que nuestro cuerpo es distinto, y debemos por un lado reprimirlo y, por otro, protegerlo o resguardarlo. También se nos enseña que, en algún momento de nuestra vida, un hombre nos deseará y nos poseerá, ojalá con amor -dicen las madres-. Toda esta educación nos hace parecer incuestionable la heterosexualidad, es decir, somos adoctrinadas para habituarnos a la relación sexual con los hombres, colocando esta relación entre los sexos como insustituible e indispensable para la vida de cualquier mujer.

Este adiestramiento, efectuado desde la inocente niñez, cala profundamente en nuestra vida de jóvenes y adultas, pues una vez colonizadas psíquicamente para aceptar esta política sexual como algo “normal o natural”, se produce el silenciamiento del cuerpo femenino y sus múltiples expresiones de erotismo y placer, para completarse o complementarse con otro, el masculino. ¿Cuántas de nosotras reconocemos en el clítoris la fuente original de nuestro placer? Cancelar el placer clitórico es la clave de la heterosexualidad obligatoria.

 

La existencia lesbiana

La heterosexualidad obligatoria interviene los lazos y relaciones entre las mujeres, aunque la experiencia amorosa y sexual ha sido la más castigada y silenciada. En este sentido, la experiencia lesbiana ha sido acallada con prácticas sistemáticas de violencia física y simbólica, esta última se refleja en la escritura y textos feministas. Adrienne Rich, precisamente, saca a la luz con su escritura la existencia lesbiana, es decir, las relaciones de amor y amistad que se han dado a lo largo de la historia entre las mujeres, relaciones milenarias que han sido negadas, silenciadas y tergiversadas. Historia de mujeres que se han resistido, de muchas formas y expresiones, al régimen heterosexual, por ende, no es una mera “preferencia sexual” o un “estilo de vida” como se ha querido encasillar.

La existencia lesbiana o mujeres que aman a otras mujeres, son mujeres que se niegan (negamos) a vivir bajo el alero del sistema de supremacía masculina y su contrato sexual, son (somos) mujeres que no aceptan los códigos, valores y el poder que se ejerce sobre el cuerpo y la mente de una mujer. La tergiversación de la existencia lesbiana posee un elemento clave la misoginia, sentimiento de odio a las mujeres y a lo femenino, es la condición “sine qua non” para mantenernos divididas o en constante competencia, debilitando los lazos entre nosotras al dar cabida a la inseguridad y la desconfianza. Esto se debe, principalmente, a que nuestras relaciones cotidianas están mediadas por los hombres, su lenguaje y sus tradiciones. El origen de nuestros conflictos con otras mujeres se debe, fundamentalmente, a la ausencia de orden simbólico de la madre que vehicule las palabras para expresarnos y darnos autoridad[2] entre nosotras, esta ausencia de orden simbólico explica que tengamos experiencias y rupturas muy dolorosas.[3]

Toda nuestra educación y socialización, en la cultura de supremacía masculina, está mediada por la admiración y respeto hacia los hombres, pues son ellos los referentes en el saber o para entablar las relaciones y la vida entera. Y nosotras, las mujeres, somos utilizadas para prolongar y consolidar esta relación de amor a través de los estereotipos sexuales. De esta manera, la posibilidad de amar a otras mujeres no existe en la cultura, pues si hay algo que se niega y prohíbe, es justamente, que te gusten o atraigan las mujeres. Las amigas nos están permitidas, aunque al llegar la adolescencia, se espera que tus relaciones se vayan ampliando y sean los hombres quienes ocupen ese espacio privilegiado en tu vida. Las amigas son desplazadas al lugar de espectadora de las relaciones con los hombres. Ellas podrán ser confidentes o cómplices, incluso, enemigas, siempre en función de la relación heterosexual. No es fácil para una mujer abandonar ese interés “natural” hacia los hombres. Negarse a tener relaciones afectivas o sexuales con hombres te vuelve rápidamente una No mujer. ¿Por qué las relaciones eróticas entre mujeres resultan tan desagradables o inconcebibles? Porque han sido proyectadas desde un odio hacia los hombres, jamás desde la libertad femenina mediante la cual una mujer se elije así misma.

Al conversar este tema con otras mujeres feministas puedo darme cuenta que la crítica a la cultura patriarcal y a la violencia masculina está presente, mas no a la heterosexualidad, incluso afirman que “le gustan los hombres” (en referencia a la sexualidad esencialmente penetrativa), colocando la barrera invisible ante la existencia lesbiana. Personalmente, me produce algunas interrogantes el omitir o separar la heterosexualidad obligatoria del análisis del patriarcado y la cultura masculina. Considero que cancela gran parte de la reflexión, pues las mujeres debemos conversar, de esta y otras contradicciones, sin recelos o precauciones para abrirse al diálogo y decir, en primera persona, cómo nos hemos visto afectadas por el régimen heterosexual y cómo lo podemos sortear para una vida más libre.

Yo viví siendo una mujer heterosexual pese al impulso, profundamente lesbiano, que fui reprimiendo en mi adolescencia y juventud. Apenas hoy, a mis 38 años, puedo hablar con mayor conciencia y sin miedo de mi existencia lesbiana. Esta experiencia ha significado salir de los estereotipos de la feminidad patriarcal y los códigos estéticos convencionales. Soy cuerpo, soy voz y movimiento libres, aunque el régimen heterosexual te persiga y silencie cada vez que pueda hacerlo.

Quisiera que la existencia lesbiana fuera parte de nuestras conversaciones y, como todo en la vida, puede traer de dulce y amargo. Se trata de hablar unas con otras, sin miedo y sesgos ideológicos, pues sabemos que desde la ideología[4], difícilmente, se llega a las profundidades para transformarnos.

 

 

 

 

 

 

 

[1] Inspirada en el texto de Adrienne Rich “la heterosexualidad obligatoria y la existencia”.

[2] Dar valor a las relaciones que tenemos con otras mujeres, a su palabra, a su más que nos hace crecer.

[3] Acá pienso en la intervención de la relación con la madre que sin autoridad en la cultura, se reviste de transmisora de los valores del padre.

[4] Refiere a la política con poder que se basa en los referentes masculinos.

 

 



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *