Una breve introducción al pensamiento de la diferencia sexual

Por Insu Jeka
Junio, 17 de 2017.

El pensamiento de la diferencia sexual [1]

El pensamiento de la diferencia surge en paralelo al contexto socio-político en los Estado Unidos, donde el feminismo radical proclama “lo personal es político” a principios de los años setenta. En tanto, la teoría y política de la diferencia sexual[2] se torna relevante principalmente en Europa (Francia, Italia y España), cuya perspectiva de análisis pone su acento y su centro precisamente en la diferencia sexual, es decir, en el cuerpo sexuado. De ahí que las críticas en torno a un esencialismo o determinismo biológico redundan para situar y reducir esta corriente de pensamiento a ese modelo. Cabe decir al respecto que esta crítica no solo instala un prejuicio en torno a esta teorización política nacida en los grupos de mujeres, sino que también alberga un vacío importante en el debate y reflexión entre los grupos y/o espacios de desarrollo de conocimiento feministas.

Nada más.nefasto, para la política y la teoría de las mujeres, que una malinterpretación de sus prácticas y conceptos elaborados a partir de la propia experiencia, malinterpretación que acarrea costos importantes para el pensamiento, la acción y la relación entre mujeres que adhieren al feminismo, tal como ocurrió con los grupos radicales de autoconciencia en los años setenta[3].

El pensamiento de la diferencia sexual que se construye, desde un entre mujeres y para las mujeres, no goza de popularidad ni de aceptación dentro del feminismo reivindicativo, materialista y, sobre todo, en el posmoderno. Este último es el escenario político actual, trazado por la diversidad y la transexualidad, que aboga fundamentalmente por eliminar la diferencia sexual como un hecho concreto. Sin embargo, el cuerpo existe y es histórico. Aunque el mío y el de millones de otras mujeres [haya sido] y quiere seguir siendo acallado, y nuestra experiencia sexuada [haya sido] quiera seguir siendo confinada y delimitada a lo “femenino patriarcal”, negando la vital relación entre mujeres y castigando la existencia lesbiana. Pese a todo, nuestro cuerpo sexuado existe, vive y habla.

En este texto abordaré de modo general algunas definiciones elaboradas [nacidas] de la relación entre mujeres[4], las cuales han dado cuerpo al pensamiento de la diferencia sexual. Son las palabras halladas para nombrar la experiencia, para iniciar una aproximación a un nuevo orden de mediaciones. Son las palabras que dan sentido y cabida a otra forma de relación social en el mundo, es decir, a una relación entre mujeres basadas en estas nuevas concepciones de intercambio femenino, palabras que te invitan a hablar a partir de sí y en primera persona, sin temer a decir y decirse.

La diferencia sexual y el sentido libre de ser Mujer

Antes de comenzar, es fundamental aclarar una confusión que se ha generado al colocar en oposición al feminismo de la igualdad con el feminismo de la diferencia, distinción tergiversada de la práctica política de la diferencia sexual.

La práctica política de la diferencia sexual rechaza la lucha del feminismo que intenta lograr una “equiparación al modo en que los hombres han construido el mundo (…) lo contrario a igualdad es desigualdad y no diferencia” nos aclara María Milagros Rivera. Esto explica también, una formulación dicotómica inexistente entre corrientes o perspectivas. Asimismo, diferencia sexual no significa tampoco diversidad de género, o aquella desigualdad o desventaja que tenemos en relación a los hombres [lógica de la  igualdad].  Diferencia sexual significa en palabras de Lía Cigarini “la asimetría femenina en el orden falocéntrico. Y por tanto, la asimetría femenina con respecto a las formas de la política que de ese orden se desprenden”.

La diferencia sexual tampoco significa marcar una diferencia de contenido entre hombres y mujeres, sino más bien, es el sentido y el significado propio de ser mujer. La diferencia por tanto, es del orden simbólico.

“Saberse distinta del hombre no le basta a la mujer para saberse” (Cristiana Fischer).

¿Por qué? – Porque no existe nada en el orden simbólico [masculino] que nos indique cómo relacionarnos libremente con nosotras mismas, otras mujeres y con el resto del mundo (Mª Milagros Rivera).

Desde la perspectiva de la diferencia sexual, es posible comprender por qué las mujeres en las sociedades patriarcales difícilmente encontraremos nuestro sentido libre de ser mujer, es decir, ¿cómo nuestro deseo femenino se puede desarrollar en un orden social creado por los hombres y en relación a su experiencia [sexuada] con el mundo?

En este orden simbólico patriarcal, las mujeres solo nos adecuamos a un tipo de mediación [la masculina] para interpretar nuestras relaciones en y con el mundo, y no desde nuestro propio ser mujer [cuerpo sexuado]. De ahí que las críticas a este pensamiento de la diferencia sexual lo sitúen desde un “esencialismo” o determinismo biológico, esto se explica desde la propuesta de la diferencia sexual, en el sentido que es la única corriente o perspectiva que posiciona a las mujeres desde su propia experiencia [sexuada], y no en referencia a las definiciones que los hombres han realizado de nosotras [cuerpo, sexualidad, emociones, maternidad, entre otras]. El pensamiento de la diferencia sexual se presenta como un conflicto para los feminismos, que a estas alturas, ya no saben leerse por fuera del orden simbólico de los hombres [relaciones de poder].

“La diferencia sexual pretende entender a las mujeres en relación con su origen (difícil para el patriarcado que solo entiende el diálogo con hombres)” (Mª Milagros Rivera).

Por otro lado, comenta Lía Cigarini, en el orden de las mediaciones que nos asigna el patriarcado, nos pueden llevar a vivir en una normalidad delirante, donde se corre el riesgo incluso de perder todo contacto con  la realidad. Por ello, rechazar aquellas mediaciones dadas por el orden social masculino: esposa – madre, o la igualdad con el hombre, no es suficiente [como propuesta de liberación y no libertad] sino que lo indispensable es inventar otras mediaciones: Entre mí y el mundo otra mujer, entre mí y otra mujer el mundo.

Y que “el ser mujer se haga significante y significativo en el mundo, no solo en la intimidad o en el entre mujeres, que se haga pensamiento pensante” (Mª Milagros Rivera).

¿Cómo podemos desarrollar esta nueva forma de mediación? Bueno para ello, se requiere una estructura necesaria y poder decirse distinta de modo significativo: la mediación femenina. Significa pasar del desorden [masculino] al orden simbólico femenino (Mª Milagros Rivera).

El orden simbólico de la madre

Para pensar la realidad sexuada en femenino (que no es hablar con la A) debe haber una palanca, y esa palanca es la autoridad de la madre, y que Luisa Muraro ha llamado el orden simbólico de la madre. Este orden simbólico tiene como base la relación de la hija con su madre; relación que ha sido sistemáticamente negada a las mujeres en las sociedades patriarcales (Luce Irigaray), relación de la que se nutre el patriarcado, donde el padre se presenta como el verdadero autor de la vida.

De esta forma nos plantea Muraro: al tomar conciencia de esta mediación [aunque seamos mujeres adultas] y por más conflictiva o imposible que se presente, consiste en  saber amar a la madre concreta de carne y hueso. Es precisamente este reconocimiento, el que se constituye como una práctica política de las mujeres (y no del orden moral) es un reconocimiento de orden simbólico.

El orden simbólico de la madre se sitúa por fuera de las oposiciones binarias, lo que permite nombrar como necesaria la relación con el origen: “Dar a luz cuerpo y palabra” que es dar vida y enseñar a hablar. Así lo que une la relación con la madre y la configuración del orden simbólico es la palabra, el “don de la madre” la que nos enseña a hablar. Es la transmisión del lenguaje en los primeros años de vida y que luego cuyo corte se realiza por la sustitución de la madre por el padre [en la escuela y la universidad].

“… La lengua materna es del orden simbólico. Es la visión del mundo que tu madre te transmite cuando te enseña a hablar, que sobre todo consiste en mostrarte viviéndolo una coincidencia entre las palabras y las cosas. La lengua materna es la lengua con la que aprendes el mundo. Aprendes a hablar y aprendes la comunicación. Es la lengua que te da el sentido de la realidad” (Mª Milagros Rivera).

La madre simbólica

Lía Cigarini en relación al planteamiento de Muraro sobre la madre real, considera una complejidad: si bien reconoce a la madre como el origen de la relación entre mujeres, al mismo tiempo, atisba esta figura como “el fantasma recurrente de su fracaso en potencia”, debido a la relación opresiva que muchas mujeres han [hemos] vivido con nuestras madres reales. En vista de esta dificultad, propone la figura de la madre simbólica, que será la figura de libertad situada en la genealogía femenina.

Esta figura simbólica [no se encarna en ninguna mujer] porque la única autoridad femenina de carne y hueso, y reconocida, es la madre que te ha traído al mundo, nos dice Cigarini. No obstante, esta figura de madre simbólica no debe concebirse tampoco como figura estática de la obediencia y admiración, menos de la dependencia. Insiste en que “a las mujeres no nos hace bien ni tampoco nos sirve establecer relaciones jerarquizadas de poder ni afectivas de captación”. La madre al ser una figura simbólica [de autoridad] permite que todas las mujeres realicemos libremente nuestros deseos. Para eso, se hace necesario relaciones de intercambio con otras mujeres – pero no cualquier tipo de relación [instrumental] sino aquellas en las que reconozco autoridad femenina, pero una autoridad que no esté personificada ni tampoco idealizada. En palabras simples: “La madre simbólica es la autorización para ir libres al mundo, significa lenguaje más que cuerpo. En esta relación se aprende hablar” (Lía Cigarini).

La autoridad femenina

María Milagros Rivera pone muy en claro que la autoridad femenina no replica la autoridad tradicional (patriarcal), porque la autoridad femenina no tiene ni busca el poder social dentro de este orden. La diferencia femenina no puede [ni podría] medirse con la masculina, significa que vivir la experiencia en un cuerpo sexuado mujer no es reducible ni comparable o asimilable a la del hombre.

Para Lía Cigarinni la autoridad femenina se va construyendo [de relaciones significativas] en la medida que una mujer usa una mediación femenina para relacionarse con el mundo. Esto crea sociedad femenina. Y crea autoridad femenina, porque hay autoridad femenina cada vez que una mujer recurre a otra mujer para realizar su deseo. Y la autoridad femenina retrocede donde una mujer deja de referirse a la otra mujer. O incluso permite que los hombres descalabren y desgarren estas relaciones.

“La autoridad femenina consiste en reconocer a otra u otras mujeres como medida del mundo, como mediadora de lo real. La autoridad femenina contribuye a paliar la “insaciabilidad” de las mujeres en un mundo masculino. Esa sensación de cuando no hay hombres presentes, esa mediación con el mundo que no permite estar del todo satisfechas o seguras” (Mª Milagros Rivera).

La política de las mujeres

En cuanto a la práctica política, las distintas autoras que proponen estas nuevas formas de mediación y relaciones, han desarrollado estos conceptos precisamente a propósito de la  relación entre mujeres y desde sus propios saberes, por ende, para ellas la política es creación de saber de las mujeres y no de saber sobre las mujeres. Hacer política entre mujeres, implica fundamentalmente desprenderse y separarse del orden simbólico patriarcal, es decir, de sus códigos culturales de mediación [entre yo y el mundo] y establecer un orden simbólico femenino, de esta manera es posible tener relaciones libres entre mujeres (Luisa Muraro).

Ahora bien, cada concepto está enlazado uno a otro, siendo posible llevar a cabo estas relaciones de intercambio solo si se establecen conexiones entre ellas. Por ello, resulta importante en primer lugar, para el inicio de una práctica política que involucre a las mujeres desde un orden simbólico femenino, el partir desde la propia experiencia que cada mujer tiene [ha tenido] al estar en el mundo. Y en segundo lugar, esta experiencia debe hacerse palabra, en primera persona, el partir de sí.

El partir de sí es  la base de la práctica política de las mujeres, es donde la palabra se hace protagonista, se parte de sí, de las contradicciones vividas en primera persona para un intercambio (no para absolutizar la experiencia) es la mediación: Entre sí y sí, entre sí y la realidad (Luisa Muraro).

“El partir de sí, es el partir de lo que cada una tiene en su estar en el mundo, que es la experiencia personal del cuerpo sexuado  mujer” (Mª Milagros Rivera).

Lía Cigarini reflexiona a partir de su propia experiencia en la política tradicional [mixta],  analiza cómo las mujeres ocultan la diferencia sexual en estos espacios, y cómo eso conlleva a perder libertad. Es decir, las mujeres al insertarnos en la política de los hombres y con los hombres, nos adecuamos a su lenguaje y a sus formas de hacer política, es una imitación de cómo los hombres hacen política. Pero rápidamente quienes hemos participado en conglomerados, grupos, partidos, nos damos cuenta que no es nuestra política, ni para nosotras, no está pensada desde la diferencia sexual, pero lo omitimos o lo justificamos para no sentirnos afuera del mundo [aunque lo estamos].

“Ejercer la libertad femenina quiere decir subrayar, y no borrar, la diferencia. Las mujeres en la política imitan mal. Y en la política hay un gran problema, el del poder. Por eso pienso que estar en la política tradicional es un mero hecho de emancipación” (Lía Cigarini).

Otro concepto que es acuñado por Lía Cigarini para la práctica política de las mujeres, es el de affidamento. Este va íntimamente unido a la autoridad femenina, porque es la relación, el vínculo que se establece cuando una mujer prefiere a una semejante para enfrentarse con la realidad dada. El affidamento ejecuta la mediación sexuada [femenina] y activa la fuente femenina de autoridad social.

El affidamento es una relación política entre mujeres, es el desplazamiento de energía que depositamos [o depositábamos] en los hombres, ahora dirigido a las mujeres. Affidarse a otra mujer, es depositar la confianza en ella, confianza que te hace crecer [y reconocer]. A la mujer con la que se entra en relación de affidamento se le reconoce autoridad femenina.

Las relaciones de affidamento son relaciones de intercambio [figuras de intercambio] entre mujeres, y cuando estableces esa relación con una mujer que tiene un más de saber [la disparidad] que esencial para la realización de tu deseo, reconoces la existencia y la autoridad del orden simbólico de la madre (Lía Cigarini).

De esta forma, la disparidad se trata de la diferencia cualitativa entre las mujeres es el más [de una, otra u otras]. La práctica de la disparidad se requiere para la realización del deseo femenino, es el reconocimiento de ese más que tiene otra [mujer] y que yo no tengo, pero  necesito para sacar fuera mi deseo y desarrollarlo o cumplirlo [no es instrumental]. Esto significa que la práctica política [de las mujeres]:

“Nos ha hecho entender que el proceso de legitimación del deseo sexual femenino en el escenario social no tiene lugar sin una autorización simbólica de origen femenino. Sin esta, una mujer corre el riesgo de quedar siempre desgarrada entre sus pretensiones desmedidas y la vergüenza de manifestarlas o el sentimiento de culpabilidad” (Lía Cigarini).

Unos breves comentarios

Todos estos conceptos que fui tratando de hilar y exponer, han sido elaborados por las distintas autoras que he leído: Luisa, Lía y Mª Milagros, quienes a su vez reconocen etos trabajos como fruto de las discusiones  entre los distintos mujeres que han dado autoridad a estas palabras. Palabras que nos abren caminos por dónde transitar. Así yo me he tomado estas palabras, estas lecturas de mujeres que han ideado otras formas de iniciar una política y relaciones entre mujeres. Me sumerjo en la aventura [5] para hablar a partir de mí y romper con el orden simbólico masculino, ese que nos ha definido y nos ha remitido al poder y autoridad del padre; a su orden simbólico misógino.  

Invito a la aventura, a lo que está por venir y por llegar, la nueva forma de leernos e interpretarnos como mujeres, es decir, ya no en las palabras [en la autoridad] del padre, que nos ha llevado a estar situadas en un des-orden simbólico. El pensamiento de las mujeres de la diferencia sexual no interpela a estar atentas a nuestras propias percepciones y experiencias, desde nuestro cuerpo sexuado. Nos propone establecer relaciones significativas con otras mujeres para iniciar la aventura de nombrar las cosas y el mundo a partir de sí. Comenzar a decir y nombrar el mundo con nuestras propias palabras.

La propuesta es retornar a la lengua materna a través de una nueva forma de relaciones que signifiquen dar y recibir autoridad, reconocer la fuente de energía y saberes (el más de las otras) poner en práctica relaciones de intercambio, relaciones significativas  para hacer política entre mujeres, volviéndonos de forma consciente a mirar y aprehender ese orden simbólico (de la madre) que nos fue arrebatado  para despojarnos de cualquier vínculo profundo con otra mujer. Como también un ejercicio de reconciliación [para mí lo ha sido] con la madre de carne y hueso, herida tan profunda para nosotras en esta cultura llena de ajenidad y misoginia.

Es la invitación al intercambio desde la experiencia común de las mujeres y construir saberes que nos permitan alguna vez, desarrollar nuestros deseos y el sentimiento de la libertad, es decir, nuestro sentido libre de ser mujer. Esa posibilidad de acceder a la libertad que Luisa Muraro ha planteado como la capacidad de fiarse de otras, esa maravillosa posibilidad de entendimiento y confianza, que no te lo dará el acceder a algún derecho o al poder.

Notas

  1. Luce Irigaray en Francia desde la filosofía y psicoanálisis. En Italia las mujeres de la librería de Milán y la comunidad filosófica de Diótima de la universidad de Verona; en España el centro de investigación de mujeres Duoda creada y conformada por profesoras y estudiantes de historia de la universidad de Barcelona. En Chile, la feminista Andrea Franulic ha seguido de cerca este pensamiento junto a la corriente radical, interpretando la obra de autoras del feminismo radical y de la diferencia, situándose desde una nueva perspectiva que ha nombrado feminismo radical de la diferencia en “Una historia fuera de la historia. Biografía política de Margarita Pisano”, 2009. Cap. 5. También ver escritos sobre feminismo radical de la diferencia en su sitio web.
  2. Si bien la teoría feminista es bastante amplia, para las mujeres de la librería de mujeres de Milán, esta teoría “siempre se mezcla con historias para nombrar cosas que no lo tenían. Y la teoría emerge de la práctica política, y las relaciones entre mujeres son la sustancia de su política”. En introducción de “No creas tener derechos” (2004).
  3. Así lo expone su propia autora de “Lo personal es político” Carol Hanish en un texto introductorio a este documento (2006). Para ver más acerca de este tema en www.autonomiafeminista.cl en feministas lúcidas, está disponible su traducción al español.
  4. Todas estas palabras provienen del intercambio entre mujeres en “El trabajo de las palabras” (2008) Lía Cigarini, Luisa Muraro y María Milagros Rivera, “No creas tener derechos” (2004) de la Librería de mujeres de Milán, “Nombrar el mundo en femenino” María Milagros Rivera (2003) y “La política del deseo” (1995) Lía Cigarini. También esta reflexión se nutre con la reciprocidad de Andrea Franulic a quien le otorgo mi más completa autoridad y reconocimiento.
  5. palabra que en su etimología proviene del latín adventure, del verbo advenir (llegar), adventura significa en latín “cosas que han de llegar”.

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