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Nos odian porque somos mujeres y nuestro cuerpo sexuado existe. Nos mutilan física y simbólicamente nuestro clítoris porque saben que nuestra sexualidad no se basa en una sexualidad reproductiva y al servicio del placer masculino, el placer está en nosotras mismas. Somos mujeres y nuestro cuerpo tiene la capacidad de ser dos, es decir, podemos parir nuevas vidas y decidir con autonomía cuándo ejercer, por eso nos encierran en una maternidad patriarcalizada, sujeta a la ley del padre y nos encierran en las cárceles por abortar.

Nos inventan padres de la filosofía y del conocimiento para borrar y silenciar nuestro origen y orden simbólico femenino. Somos mujeres lesbianas, amamos a otras mujeres y nos affidamos con ellas, les damos autoridad a su pensar y reconocemos su influencia en nuestras vidas, hacemos genealogía para tener referentes propios y no seguir ancladas al orden social y cultural androcéntrico.

Somos mujeres feministas porque somos herederas de una historia de resistencia de nuestras antepasadas.

Somos mujeres radicales porque no negociamos con el patriarcado y no queremos inclusión en sus políticas ofiacialistas de la igualdad.

Somos mujeres que sabemos de nuestra diferencia sexual, no la negamos ni la relativizamos.

Y como mujeres hemos tomado conciencia que nacemos de otra mujer y poseemos lengua materna, hemos comprendido que hablar en código masculino nos deja más perdidas y alejadas de nosotras mismas y de otras mujeres.

También sabemos como se siente ser una mujer en el mundo de los hombres y cómo nuestra vida corre peligro solo por serlo, sabemos de misoginia y lo profundo que es para nosotras desaprenderla.

Hay tantas cosas que necesita saber una mujer dijo la Adrienne Rich

Lo importante es saber escucharnos a nosotras mismas y dejar de interpretarse con las palabras ajenas escribió Cristina de Pizán en 1400.

“No creas tener derechos” afirmaron y escribieron el grupo de autoconciencia de Mujeres de Milán.

El fin del patriarcado está en dejar de darle crédito al pensamiento masculino dicen las pensadoras de la diferencia sexual y comenzar a buscar nuestras propias palabras para hablar de nuestra experiencia como mujeres, no dejemos como dice mi querida Andrea Franulic que se tergiverse esta experiencia común de las mujeres y caigamos en la trampa de homologarnos con los hombres.

Un abrazo a todas nuestras vivas y muertas, a nuestras madres, abuelas, tías, hermanas, amigas, amoras, a las niñas, a las animalas y a las que vendrán.

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