Amo/re/s

Arrojada desde un auto
a la autopista o a una calle cualquiera
en cualquier lugar ajeno
corre tras la huella jadeando
los ojos desorbitados
el corazón latiendo desbocado.

Ellos, con los ojos vacíos de mirar
le mencionaron un vocablo extraño
no inventado por can alguno
algo entre ir a dejar, botar y desaparecer
despreciable creación humana
donde todo cabe y permanece
hasta que huele a muerte.

Fue depositada en el afuera
que va pegado como sombra
al cristianamente constituido orden vigente.
Allí la pequeña sabrá de gritos, patadas
depósitos químicos, físicos,
reproducciones múltiples del miedo
sin que la alcance como a otros
la compulsiva verborrea amorosa
de Chilelandia y sus múltiples actos caritativos
que acomodan la mierda.

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