Amo/re/s

Arrojada desde un auto a la autopista o a una calle cualquiera en cualquier lugar ajeno corre tras la huella jadeando los ojos desorbitados el corazón latiendo desbocado. Ellos, con los ojos vacíos de mirar le mencionaron un vocablo extraño no inventado por can alguno algo entre ir a dejar, botar y desaparecer despreciable creación humana donde todo cabe y permanece hasta que huele a muerte. Fue depositada en el afuera que va pegado como sombra al cristianamente constituido orden vigente. Allí la pequeña sabrá de gritos, patadas depósitos químicos, físicos, reproducciones múltiples del miedo sin que la alcance como a otros la compulsiva verborrea amorosa de Chilelandia y sus múltiples actos caritativos que acomodan la mierda.

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