Adrienne Rich

Por Jessica Gamboa Valdés y Andrea Franulic Depix

 

 

 

 

Poetisa y ensayista, comprometida activista lesbiana y feminista radical. Para nosotras, es una de las más importantes exponentes del feminismo radical de la diferencia, y en sus trabajos destacan brillantes análisis sobre la diferencia de ser mujer en el patriarcado, colocando especial énfasis en la lengua y en la genealogía femenina libre. Ha publicado variados ensayos y análisis críticos fundamentales. Uno de los más importantes es Heterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana, pues representa el mejor análisis que se haya hecho sobre esta institución, además de desafiar el discurso identitario, dándole un valor diferente a la experiencia del amor entre mujeres. Otros textos son Es la lesbiana que hay en nosotras, Mujeres y honor. Notas sobre el mentir, Por una universidad centrada en las mujeres, La mujer anti-feminista, entre otros, reunidos en sus obras Sangre, pan y poesía; Sobre mentiras, secretos y silencios. Otras obras fundamentales son Nacida de mujer y su Antología poética.

El gran cambio de vida:
En el año 1976, publica 21 poemas de amor, una analogía irónica al romántico y misógino poemario de Pablo Neruda (1924). Versos que muestran abiertamente un amor y erotismo lésbico. Estos versos se integrarían luego en el libro El sueño de un lenguaje común, editado dos años más tarde.

El poema flotante, sin numerar

Pase lo que pase con nosotras, tu cuerpo
Va a rondar el mío —tierna, delicada,
Tu forma de hacer el amor, como la fronda retorcida
Del helecho de agua en los bosques
Recién lavados por el sol. Tus muslos recorridos, generosos,
Entre los que mi rostro entero vuelve y vuelve—
La inocencia y la sabiduría del lugar que mi lengua encontró—
La danza vital e insaciable de tus pezones en mi boca—
Tu contacto firme, protector, descubriéndome,
Tu lengua fuerte, tus dedos finos
Llegando a donde estuve esperándote por años
Encerrada en mi cueva húmeda y rosa— pase lo que pase, esto es.

En 1976 escribe Nacida de mujer, ensayo sobre la maternidad apoyado en su experiencia personal. Es uno de los libros clave para la teoría feminista. También en 1976 conoció a la escritora y editora jamaicana Michelle Cliff, quien sería su compañera sentimental hasta su muerte. Cabe destacar que Adrienne Rich, como efecto de su cuestionamiento a todas las instituciones patriarcales y a su propia experiencia como mujer en esta cultura patriarcal y su íntima relación con el feminismo radical, asume políticamente su lesbianismo ya en edad adulta, luego de haber sostenido un matrimonio y tres hijos.

III
Puesto que no somos jóvenes, las semanas tienen que contar
por los años que perdimos.
Así y todo, solamente esta peculiar distorsión
del tiempo me dice que no somos jóvenes.
¿Acaso a los veinte alguna vez caminé por la calle a la mañana
con los miembros flameando de la más pura alegría?
¿O me incliné desde una ventana sobre la ciudad
a escuchar el futuro
con los nervios afinados, como escucho tu llamada ?
Y tú, tú te acercas a mí con la misma cadencia.
Tus ojos son inmortales, la chispa verde
del lirio a principios del verano,
el berro verdeazul que lavó la primavera.
A los veinte, sí: pensábamos que íbamos a vivir para siempre.
A los cuarenta y cinco, quiero conocer incluso nuestros límites.
Te toco sabiendo que no nacimos ayer,
y de algún modo, cada una va a ayudar a la otra a vivir,
y en algún lugar, cada una va a ayudar a la otra a morir.

1997: Carta de Adrienne Rich en rechazo a la medalla nacional de las artes, otorgada por el gobierno de Bill Clinton:

“(…) Aceptar tal premio del Presidente Clinton o la Casa Blanca, como yo lo entiendo, es incompatible con la política cínica de esta administración. Quiero aclarar que lo que quería decir con mi negativa, y cualquiera que esté familiarizado con mi trabajo a partir de los primeros años de la década de los sesenta, sabe que yo creo en la presencia social del arte – como interruptor de silencios oficiales (…)”

“En las últimas dos décadas he sido testigo del impacto, cada vez más brutal, de la injusticia racial y económica en nuestro país. No hay una simple fórmula que relacione el arte con la justicia, pero sé que el arte no significa nada si simplemente decora la mesa para la cena del poder que lo mantiene rehén. Las radicales disparidades de riqueza y poder en Norteamérica se están agrandando a una velocidad devastadora. Un Presidente no puede rendir honores significativamente a determinados artistas simbólicamente elegidos mientras la gente, en su mayor parte, está tan deshonrada (…) Mi preocupación por mi país es inseparable de mis preocupaciones como artista. No podría participar en un ritual que me parece tan hipócrita”.

 

 

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