ACTUALIZACIONES


Declaración Feministas Lúcidas

Las universidades patriarcales: instituciones en decadencia

Nuestras antepasadas vivieron humillaciones y persecuciones por sus luchas para acceder a la educación. Las primeras mujeres que entraron a las universidades vivieron la ridiculización permanente y el hostigamiento de los hombres, que caminaban por sus pasillos y aulas con la naturalidad de quienes se sienten legítimos poseedores del conocimiento y la verdad.

Hoy, las mujeres del siglo XXI sabemos que ese conocimiento y esa verdad responden a una visión reducida, estrecha y empobrecida de la vida. Hoy sabemos que esta puerta, que nos abrieron -con valentía y lucidez- nuestras antepasadas, nos permitió la entrada a un orden simbólico masculino y a una tradición de pensamiento en franca decadencia, pues se sostienen en una ideología que valida un único punto de vista y reconoce un único cuerpo sexuado, el del hombre. El androcentrismo es la ideología que sostiene el orden patriarcal hasta el punto de su autofagocitación.

Sabemos esto y mucho más, sabemos de nuestros cuerpos sexuados y su potencia, sabemos de las mentiras y engaños de esta civilización depredadora, sabemos de libertades reales, y sabemos que los hombres patriarcales no soportan que sepamos tanto y que lo digamos, lo gritemos, lo expresemos en diversos lenguajes o hablando en lenguas; entonces su ira ancestral arremete, como muchas veces antes en la historia, como muchas veces antes en tiempos de feminismo expresado y, ante la vista de todas, reaccionan con el poder y la violencia que les son propios, y matan, violan, persiguen, humillan, provocando en nosotras más asco, más desprecio y más desdén, porque vemos, en un despliegue vergonzoso y patético, su mediocridad y la inutilidad de que hayan venido al mundo.

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Feministas Lúcidas, julio de 2017.
Andrea Franulic
Angie Farfán
Mariana Poblete Rodríguez
Verena Castro
Yumbel Góngora
Tania Moraga
Anita Quintana Aedo
Camila Castillo
Constanza Urzúa
Javiera Gonzalez
Claudia Catalina Ahumada
Camila Sandivari
Natalia Amado
Francisca Barrientos
Javiera Sánchez
Jessica Gamboa


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Participamos en este espacio un grupo de personas nacidas mujeres que, desde esta corporalidad, hemos probado lo dulce y lo amargo, también lo desabrido, tanto en lo personal como en lo político. Tenemos la certeza, por experiencia y por voluntad política, de que el feminismo, arraigado en la autonomía, es necesario para cambiar la historia.

Somos las de antes y las de ahora con nuestros escritos y creaciones. Todas en la tarea de la sobrevivencia con los ojos abiertos, alertas y con nuestra energía puesta en abrir un espacio al pensar, al conversar, al discutir para analizar un mundo que, de la misma manera que se expande, se destruye.

Nuestro actuar político está definido por mínimos comunes que compartimos, entre ellos están:

Nuestro cuerpo es el lugar desde donde nos relacionamos con el universo que nos rodea, por lo cual es nuestro territorio y está definido por la necesidad de libertad, dignidad y autonomía.

Entendemos que, para la vida en libertad, dignidad y autonomía, es indispensable aplicar los mismos principios en nuestra convivencia con todos los seres vivos presentes en el planeta. Nuestras acciones políticas están encaminadas en ese sentido.

Compartimos que es necesario cambiar el modo de producción basado en la ideología patriarcal del dominio, la violencia, la no solidaridad, el individualismo, el consumismo, la destrucción del territorio, la perpetuación y la profundización de las injusticias económicas y sociales.

Las mujeres tenemos una historia de rebeldías que no basta con mencionarla una y otra vez para significar que existimos y ser “reconocidas” desde el poder petrificado patriarcal. Porque en nuestra historia y biografías está nuestro proyecto de futuro, sustentado en otra ética, nos interesa investigarla, escribirla y visibilizarla para construir un orden simbólico otro, visible en el mundo.

Estamos atentas a esa aspiración latente de querer ser como un hombre o a tener lo que ellos tienen, porque una mujer demandante de derechos solo consigue acoplar más fragilidad a su propia vida, y lo que buscamos es una relación política entre mujeres, que ha demostrado ser, a lo largo y ancho de nuestra historia, lo único real que nos protege del ejercicio de la dominación en nuestras vidas